Con fascinación leo un artículo de prensa, que cito textualmente, “GINEBRA (Reuters) - Científicos de todo el mundo dijeron el viernes que el descubrimiento de unas partículas subatómicas que parecen viajar más rápido que la luz podrían obligar a replantear las teorías sobre el origen del universo, pero que primero hay que confirmar los hallazgos de forma independiente.
Jeff Forshaw, un profesor de física de partículas en la Universidad británica de Manchester, dijo a Reuters que de confirmarse, los resultados supondrían que en teoría es posible enviar «información al pasado.»
«En otras palabras, viajar en el tiempo sería posible (...) (aunque) eso no significa que vayamos a construir máquinas del tiempo a corto plazo», indicó.”[1] Lo cual me recuerda que en 1911 se realizó en Manchester (Inglaterra) una experiencia llevada a cabo por Geiger, Marsden y Rutherford, en la que se determinó el tamaño del núcleo del átomo; e igualmente, evoca en mí a los pensadores de la Grecia clásica, recordemos que para Tales de Mileto la materia estaba compuesta por agua; para Amaximenes por aire; paraHeraclito de Efeso por fuego y fue Empedocles de Agriento (484 a.C.- 424 a.C.) en Sicilia quien postuló que todas las cosas surgen de la combinación de cuatro elementos (teoría de los cuatro elementos): tierra, aire, agua y fuego, los cuales estarían constituidos por minúsculas partículas indivisibles a las que Demócrito, Leucipo y Epicuro llamarían átomos.
Me maravillo al comprender que a la especie humana le tomó cerca de 2.400 años demostrar la existencia de al menos tres partículas subatómicas como son el electrón (en 1897 el inglés Joseph John Thomson descubrió el electrón), el protón (por el zelandés Ernest Rutherford en 1911) y el neutrón (descubierto en 1932 por el británico James Chadwick).
El entender los principios que rigen el componente fundamental de la materia nos ha permitido teorizar y transformar el entorno. Así, por ejemplo, hoy tenemos energía eléctrica con la que movemos la maquinaria industrial, los equipos y artilugios que hacen la vida cómoda; al entender los materiales conductores hemos elaborado cables con los que hemos llevado la energía a puntos distantes del lugar donde se genera, al haber comprendido las propiedades ondulatorias de la luz pudimos compartir datos e información a través de la fibra óptica, el CD, el DVD o el Blu-ray Disc. Recordemos que a Newton se le preguntó para qué servía saber que un cuerpo girando alrededor de otro en orbitas elípticas barría espacios iguales en tiempos iguales. Hoy este conocimiento se aplica en los satélites de comunicación, con los cuales se interconecta el globo en lo que los filósofos contemporáneos han llamado la aldea global.
El trabajo de Einstein expuesto en la teoría general de la relatividad es aplicado para sincronizar los relojes de los sistemas de posicionamiento global, más conocidos como GPS, que se utilizan para guiar armamento, determinar dónde está una ambulancia; hacerle el seguimiento a un camión cargado con alimentos, igualmente, lo encontramos en la cámara y en el teléfono que lleva un turista al hacer su recorrido o quizá en el diminuto marcapasos que le permite llevar una vida normal a muchas personas en todo el mundo. Nuestra comprensión del átomo nos permite hacer dispositivos electrónicos cada vez más pequeños, nos ha abierto las puertas a la miniaturización o nanotecnología.
A quienes como yo, nos correspondió vivir los cambios del siglo XX, entre otros hechos, pudimos apreciar la transformación social que caracterizó el siglo: después de dos guerras mundiales se instituye la organización de naciones unidas, la creación del estado judío, la intensificación del conflicto árabe-israelí, ver (en algunos países) llegar al poder al socialismo, la caída del muro de Berlín, la disgregación de la Unión Soviética, la unión de los países europeos; en la agricultura: el control de plagas y aparición de abonos; en la salud: la llegada de nuevos medicamentos, la erradicación de algunas enfermedades, el aumento en la población, aspectos que sólo fueron posibles en la era de la comunicación.
Estos cambios en la forma de vivir, de trabajar y de producir nos han mostrado los nuevos retos a los que todos los agentes sociales e institucionales debemos enfrentar. Es nuestro deber: encontrar métodos racionales que nos permitan disponer de agua y alimentos para a siete mil millones de bocas, idear fuentes de energía y combustibles que sean amigables con el ambiente; crear dispositivos y memorias que permitan almacenar los volúmenes de datos e información acordes a las nuevas realidades, asegurar mecanismos que permitan una forma democrática de recolectar, preservar, transmitir y aumentar el conocimiento humano.
Por eso desde la dirección administrativa de la institución educativa en la que laboro ubicada en la zona de ladera de la ciudad de Cali, me enorgullezco al ver que en ella democratizamos el conocimiento y que en la misma velamos por un aprovechamiento compartido del conocimiento, fue por ello que con el apoyo de los padres de familia se consiguió la donación de equipos de cómputo, libretas y tablero digital para que nuestros estudiantes puedan acceder a las aulas inteligentes. (Ver video: Aula Inteligente donada por Carrefour a la Institución Educativa Juana de Caicedo y Cuero en la dirección http://www.youtube.com/watch?v=jRTFeJoJDrU)
Reconozco la responsabilidad que tenemos al estar formando a los ciudadanos de las próximas décadas, para bien de la humanidad, esperamos que entre ellos estén los futuros desarrolladores de aplicaciones biotecnológicas en agricultura o en la lucha contra enfermedades infecciosas como el paludismo o el sida, en tal virtud, les estimulamos, con frecuencia, a que visualicen la educación como un proceso permanente que desarrollaran a lo largo de toda su vida, a que tomen conciencia que nuestra sociedad, al igual que todas, tiene una riqueza en los conocimientos que se le han depositado. En esta visión del mundo, no nos extrañemos si sea alguno de ellos quien explique por qué los neutrinos alcanzan una velocidad de 60 nanosegundos más rápido que la luz.